jueves, 6 de mayo de 2010

The jungle book (1894), de Rudyard Kipling


Tengo aprecio por la figura de Kipling y, sin embargo, mi aprecio no acaba de encontrar refrendo en sus libros. Me gustó Kim, hace años, pero sin entusiasmos; y ahora me ha gustado The jungle book, también sin entusiasmos.

La parte de Baloo, Mowli y compañía (los cuatro primeros capítulos) la tengo estragada. No he logrado librarme del recuerdo de la versión de Walt Disney. Es un recuerdo lejano, pero que se impone. Las otras historias, a su lado, se convierten en una especie de prórroga un poco insípida.

En general, The jungle book comparte ese ecologismo primero que usaba el recurso divertido de pintar a los animales como hombres y a los hombres como animales. Ahora que legalmente se le conceden a las bestias cosas que se niegan a las personas, que falta sensibilidad ante muchas injusticias y sufrimientos humanos pero sobra para protestar contra los abrigos de pieles, el toreo o la caza... Ahora que se protegen los huevos de águila real o las crías del lince ibérico mientras se promueve el aborto o se les dan "derechos" a los monos... ahora ese tono simpático ya no me hace gracia. Casi diría que estas lecturas han pasado a ser poco recomendables, subversivas.

En fin, quizá exagero un poco. 3/5.

lunes, 3 de mayo de 2010

Ángulo de reposo (1971), de Wallace Stegner


Me había gustado tanto la primera novela de Stegner traducida al español (En lugar seguro, 1987; mi comentario aquí), que me planteé leer ésta en cuanto supe que también lo habían editado. Sólo me retraía su extensión (700 páginas).

El narrador inicial es un profesor universitario retirado, un historiador que decide escribir la historia de sus abuelos: un matrimonio emprendedor, que vivió en el "legendario" Oeste (California, Colorado, Idaho) a fines del XIX.

Al principio de la novela me volvió a impresionar el dominio narrativo de Stegner porque construye varios personajes distintos, de distintas épocas, les da voz y personalidad y luego combina esas voces con acierto, sin confundirlas, como un compositor se sirve de instrumentos de diferente naturaleza.

Después disminuyeron los alardes narrativos, creció la historia y me fui interesando más y más por la vida de los abuelos. No tanto por los hechos exteriores como por la evolución de cada uno y por la repercusión que esa evolución iba teniendo sobre su relación matrimonial: algo que Stegner describe con maestría (y algo que ya me había impresionado en la otra novela). Luego se me hizo un poco insípido el último tercio.

El libro empieza firme y va decayendo, también porque los protagonistas empiezan jóvenes y vigorosos y terminan gastados. Leído con trabajo. 3/5

viernes, 23 de abril de 2010

La ratonera (1952), de Agatha Christie


Ayer estuve en el teatro con algunos alumnos viendo "La ratonera", esa exitosísima obra de Agatha Christie. Me pareció digna, entretenida y bien realizada pero no me gustó demasiado. La primera parte es fluida pero la segunda está constantemente interrumpida por arrebatos melodramáticos y conversaciones ambiguas y enigmáticas. La autora necesita confundir al espectador y, a la vez, ir justificando el desenlace. Por eso provoca aquí y allá bruscas y artificiosas explosiones sentimentales. A los chicos les gustó. 3/5.

lunes, 19 de abril de 2010

Life of Our Lord (1849?), de Charles Dickens

Life of Our Lord es una obrilla que Dickens escribió para sus hijos. No pretendió imprimirla y quedó inédita a su muerte. Es, de alguna forma, el Evangelio según Dickens porque hace un repaso ordenado de la vida y enseñanzas de nuestro Señor. Por estar dirigido a niños, incluye algún pudoroso eufemismo y la explicación sencilla de ciertos términos y de ciertos personajes. También incluye algunas consideraciones exegéticas: Dickens, de vez en cuando, interrumpe el relato para remachar brevemente el sentido de algún pasaje. Se nota que pone un empeño especial en asegurar que sus hijos no menosprecien a los pobres o los ignorantes sino que sepan compadecerse de ellos.
Me llamó la atención la manera en que trata la Última Cena, sin ninguna referencia a la Eucaristía. Quizá no debería haberme sorprendido. También me resultó desconcertante el final, pues resume a sus hijos la conducta cristiana que les propone seguir y les explica que, de esa forma, "vivirán y morirán en paz" y, la verdad, ésas me parecen razones de cortos vuelos, poco trascendentes, sin una mención más clara de Dios o de la Vida eterna.
No me gustó demasiado el acento del lector y se me atraganta el énfasis que pone en algunas frases. Por si queréis oírlo (en inglés), creo que este enlace os conduce a él. 3/5

miércoles, 14 de abril de 2010

Dar clase con la boca cerrada (2000), de Donald Finkel


Partiendo del principio pedagógico de que los alumnos aprenden más cuanto más participen en el proceso de su educación, sugiere el autor que los profesores (sobre todo en humanidades) sean menos "magistrales" y busquen, en cambio, otros métodos de enseñanza donde el alumno esté más activo: que lea más, que hable, que escriba... Bien.

El autor está pensando (algo) en la enseñanza secundaria y (un poco más) en la universidad. Describe con bastante pormenor algunas experiencias didácticas. Me interesó mucho, por ejemplo, el diseño muy participativo de un curso de filosofía sobre Sócrates. Otras experiencias me parecieron menos interesantes y también están descritas minuciosamente. Me he saltado páginas. 2/5.

domingo, 11 de abril de 2010

La tele, el internet y los invitados...

Un vídeo al parecer ya antiguo pero expresivo sobre Internet (aplicable también a la TV).

Vía La huella digital.

jueves, 8 de abril de 2010

Pasión por la Verdad (2010), de Alfonso Sanz


Está muy desaconsejado mezclar la familia y el trabajo porque los problemas laborales traspasan entonces, inevitablemente, su ámbito propio. Pienso que también debe estar desaconsejado mezclar la amistad y el blog, porque cuando recoges la valoración del libro de un amigo puedes perder el amigo. Además es muy difícil mantener la ecuanimidad en la crítica.

Pues bien, este libro lo ha escrito un amigo mío, sacerdote, y sin embargo me atrevo a comentarlo... porque dudo de que pierda su amistad por este comentario y porque el libro me ha gustado y mi comentario no herirá.

Es un libro de religión: la Verdad de la que se habla no es la de Sócrates o Aristóteles, es Cristo. La Pasión por la Verdad es pasión por la sinceridad de vida, pasión por el amor y pasión por Cristo (todo casi como sinónimos). El tono del libro (haciendo justicia al título) es apasionado: cargado de retórica, de metáforas, ejemplos, comparaciones; muy denso, pero fácil y rápido de leer. Avanza el lector sin dificultad, a paso veloz, hasta que de pronto aparece, digamos, un cambio de rasante y una curva: al volver una línea el lector encuentra una afirmación sorprendente, una paradoja, algún atrevimiento intelectual. Entonces uno se lamenta de ir rápido y te ves invitado a reflexionar un poco más, a examinar esa afirmación osada.

El libro invita al realismo, al amor a la vida y al amor a Cristo.

Junto a las numerosas referencias evangélicas hay también abundantes alusiones literarias a las obras favoritas del autor. 4/5