Quienes gimen sobre la estrechez del medio en que viven pretenden que los acontecimientos, los vecinos, los paisajes, les den la sensibilidad y la inteligencia que la naturaleza les negó.
Mostrando entradas con la etiqueta citas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta citas. Mostrar todas las entradas
viernes, 17 de febrero de 2012
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Escolios de Gómez Dávila: 1
La legislación que protege minuciosamente la libertad estrangula las libertades.
(Nicolás Gómez Dávila. Escolios a un texto implícito)
martes, 5 de enero de 2010
Algunas frases espigadas
Una de las razones que me mantuvo leyendo Africanus (mi comentario, aquí) cuando se me estaba atragantando fue el proyecto de ir escogiendo las frases más indigestas para luego dejar constancia de ellas en mi comentario. Aquí os dejo cuatro de los mejores momentos. Hay otras como éstas:
De pronto, desde el valle un aullido roto de dolor y furia llegó trepando por las laderas. Los más jóvenes sonrieron. Sin duda habían matado a alguien importante. Los más mayores sintieron en la zozobra que transmitía aquel grito malos presagios para el futuro. (40)
Ambos salieron de la estancia dejándola vacía: sobre la mesa unos planos de sur de la Galia, una brisa suave entraba por las ventanas, venida del mar, fresca, inocente, inconsciente de la guerra que se fraguaba en sus costas. (125)
Fabio Máximo lanzó una sonora carcajada que retumbó por entre las peñas que descendían por el abrupto desfiladero. (265)
Abrazados los dos, escuchando el son intermitente y rítmico de la intensa lluvia impactando sobre el impluvium del atrio, cayeron profundamente dormidos. Emilia soñó que tenía otro hijo: un varón. Publio soñó también con que tenía un hijo varón, pero éste era ya mayor y un mensajero, venido del frente, traía la peor de las noticias posibles, peor aún que la muerte. (520)
De pronto, desde el valle un aullido roto de dolor y furia llegó trepando por las laderas. Los más jóvenes sonrieron. Sin duda habían matado a alguien importante. Los más mayores sintieron en la zozobra que transmitía aquel grito malos presagios para el futuro. (40)
Ambos salieron de la estancia dejándola vacía: sobre la mesa unos planos de sur de la Galia, una brisa suave entraba por las ventanas, venida del mar, fresca, inocente, inconsciente de la guerra que se fraguaba en sus costas. (125)
Fabio Máximo lanzó una sonora carcajada que retumbó por entre las peñas que descendían por el abrupto desfiladero. (265)
Abrazados los dos, escuchando el son intermitente y rítmico de la intensa lluvia impactando sobre el impluvium del atrio, cayeron profundamente dormidos. Emilia soñó que tenía otro hijo: un varón. Publio soñó también con que tenía un hijo varón, pero éste era ya mayor y un mensajero, venido del frente, traía la peor de las noticias posibles, peor aún que la muerte. (520)
lunes, 7 de diciembre de 2009
Camba sarcástico
Todos los días el Herald Tribune publica en lugar preferente un artículo titulado Calvin Coolidge says ("Dice Calvin Coolidge"). Tanto por este epígrafe como por el tamaño y la disposición tipográfica, los artículos de Coolidge me recuerdan, modestia aparte, unos que escribía yo años atrás para un diario de Madrid, y digo modestia aparte, porque los míos eran bastante mejores. No es que yo tenga un gran concepto de mi labor periodística. Probablemente mis artículos no me llevarán nunca a regir los destinos de España, pero si este caso puede parecer triste, mucho más triste aún es el de míster Coolidge, quien, para encontrar periódicos que publicaran los suyos, ha tenido necesidad de hacerse elegir primero presidente de la República.
Calvin Coolidge says... ("Dice Calvin Coolidge..."). Este título general está lleno de promesas, pero se pone usted a leer y resulta que Calvin Coolidge no dice nada. Al principio, viendo que Calvin Coolidge no decía nada, yo suponía de buena fe que no se le ocurría nada, y mi opinión sobre el ilustre hombre público comenzó a bajar considerablemente; pero, a medida que Calvin Coolidge seguía sin decir nada, esta desestima empezó a trocarse en un sentimiento muy parecido a la admiración.
―Pase el que a este hombre no se le ocurra nada un día ni dos, una semana o hasta un mes ―pensaba yo―, pero ¿cómo es posible que no se le ocurra nada nunca? Una vacuidad tan perfecta no puede ser espontánea. Indudablemente, Calvin Coolidge tiene un arte prodigioso que le permite tratar todos los temas sin comprometer jamás su pensamiento. Eso de coger todos los días cuatrocientas o quinientas palabras, cada una de las cuales posee una significación concreta, y combinarlas de tal modo que todas juntas carezcan totalmente de sentido, no lo hace un cualquiera.
(Julio Camba. La ciudad automática)
martes, 24 de noviembre de 2009
Orwell & Golding
Una cita de Rebelión en la granja:
Todos los domingos, a las diez de la mañana, los animales se reunían en el granero principal a fin de recibir sus órdenes para la semana. El cráneo del Viejo Mayor, ya sin rastros de carne, había sido desenterrado de la huerta y colocado sobre un poste a pie del mástil, junto a la escopeta. Después de izar la bandera, los animales debían desfilar en forma reverente ante el cráneo.
El detalle del cráneo animal pinchado en un palo me trajo de pronto a la memoria El señor de las moscas, de William Golding.
Luego pensé que ambas novelas son alegóricas y en ambas se reflexiona sobre el orden social; también hablan ambas sobre la violencia y sobre el poder despótico.
El caso es que me vino el pensamiento de que Golding escribió inspirado en Orwell. Una epifanía.
En fin, es una idea nacida a bote pronto. A lo mejor es un lugar común o un disparate. No se me escapa además, que las dos novelas tienen intenciones muy diferentes. Orwell pretende denunciar a Stalin y quizá mostrar cómo se frustran las revoluciones idealistas. La intención de Golding me parece principalmente religiosa.
Todos los domingos, a las diez de la mañana, los animales se reunían en el granero principal a fin de recibir sus órdenes para la semana. El cráneo del Viejo Mayor, ya sin rastros de carne, había sido desenterrado de la huerta y colocado sobre un poste a pie del mástil, junto a la escopeta. Después de izar la bandera, los animales debían desfilar en forma reverente ante el cráneo.
El detalle del cráneo animal pinchado en un palo me trajo de pronto a la memoria El señor de las moscas, de William Golding.
Luego pensé que ambas novelas son alegóricas y en ambas se reflexiona sobre el orden social; también hablan ambas sobre la violencia y sobre el poder despótico.
El caso es que me vino el pensamiento de que Golding escribió inspirado en Orwell. Una epifanía.
En fin, es una idea nacida a bote pronto. A lo mejor es un lugar común o un disparate. No se me escapa además, que las dos novelas tienen intenciones muy diferentes. Orwell pretende denunciar a Stalin y quizá mostrar cómo se frustran las revoluciones idealistas. La intención de Golding me parece principalmente religiosa.
domingo, 24 de mayo de 2009
Esto que he leído lo firmaría de mí mismo
Nunca me he sentido lo que la gente llama un espíritu fuerte y a menudo es para mí una tarea ardua decidir lo que debo hacer cuando me enfrento a una nueva situación. Estoy muy contenta de que... estoy muy contenta de haber visto cuál era mi deber esta mañana, ante aquel pobre hombre; pero es un esfuerzo muy grande seguir pensando y dándole vueltas a lo que debería hacer si se presentara la misma situación otra vez. Creo que prefiero esperar a que esto ocurra y no dudo de que entonces responderé, siempre que la inquietud no me lleve a precipitarme.
(Elizabeth Gaskell. Cranford)
(Elizabeth Gaskell. Cranford)
miércoles, 6 de mayo de 2009
Tomando el té con el meñique estirado
Al principio estábamos calladas, buscando un tema de conversación interesante para milady. Se había aumentado el precio del azúcar, lo cual, al acercarse la época de hacer confituras, era una gran noticia para nuestro corazón de ama de casa y habría sido un tema de conversación natural de no haber estado presente lady Glenmire. No obstante, no estábamos seguras de si la nobleza comía conservas, y mucho menos aún de si sabía cómo se hacían. Finalmente, la señorita Pole, que siempre había hecho gala de valentía y savoir faire, se dirigió a lady Glenmire, quien por su parte parecía igualmente azorada por no encontrar la manera de romper el hielo.
-¿Ha estado su señoría en la corte últimamente? -preguntó a la vez que nos dirigía una miradita entre tímida y triunfante, como queriendo decir: "Ya ven con qué buen juicio he elegido un tema propio del rango de la forastera".
(Elizabeth Gaskell. Cranford)
viernes, 14 de noviembre de 2008
A un lado y otro del océano
Dejadme compartir con vosotros un detalle de vanidad.

En uno de los blogs en inglés que suelo leer con más ilusión, dejo alguna vez alguna sugerencia. Me mido mucho en esto de los comentarios pero a veces no me resisto.
Además de que así intento corresponder a lo mucho que recibo.
Pues bien, ayer fui el protagonista principal (a medias con Yo-yo Ma) de un post.
Para fardar, os dejo el link, por si queréis ver qué famoso soy.
La recomendación que le había hecho a Carol era "Journey's End" de R.C. Sherriff. Ella sacó el libro de una biblioteca para leerlo y pone la hoja de registro como ilustración de su entrada. La última vez que se había prestado el libro había sido en 1940. Ahí es nada.

martes, 11 de noviembre de 2008
El tiempo como realidad en sí
…el reloj produce el efecto de disociar el tiempo de los acontecimientos humanos y de esta manera alimenta la creencia en un mundo independiente de secuencias matemáticamente mensurables. (…) En este proceso, hemos aprendido a ser irreverentes hacia el sol y las estaciones, dado que en un mundo hecho de segundos y minutos, se suplanta la autoridad de la naturaleza.
(Neil Postman, Divertirse hasta morir, pg. 17)
Me encontré esta cita en el interesante libro que estoy leyendo. Siempre me ha interesado el efecto que el reloj tiene en la vida humana. Siempre me ha resultado especialmente desagradable verme sometido a su dictadura. Muchas veces he imaginado con añoranza épocas de la historia en que el tiempo no se podía medir con precisión. Esta parcelación cuadriculada del día que los relojes crean permite una prodigiosa exactitud y facilita sincronías, pero genera por contra estrés y tensión sobre las acciones (p.ej. “te quedan sólo cuatro minutos…”).
¿Alguien puede sugerirme alguna lectura al respecto?
(Neil Postman, Divertirse hasta morir, pg. 17)
Me encontré esta cita en el interesante libro que estoy leyendo. Siempre me ha interesado el efecto que el reloj tiene en la vida humana. Siempre me ha resultado especialmente desagradable verme sometido a su dictadura. Muchas veces he imaginado con añoranza épocas de la historia en que el tiempo no se podía medir con precisión. Esta parcelación cuadriculada del día que los relojes crean permite una prodigiosa exactitud y facilita sincronías, pero genera por contra estrés y tensión sobre las acciones (p.ej. “te quedan sólo cuatro minutos…”).
¿Alguien puede sugerirme alguna lectura al respecto?
lunes, 6 de octubre de 2008
Re-conocimientos
En la primera página de la primera novela que leo de Maurice Baring (Recuerdo inquietante), aparece una idea que ya había leído en la única obra de teatro suya que conozco (The rehearsal).
Leo una página y reconozco cosas. ¡Qué extraña coincidencia!
¡Qué ironía que un artista, cuya obra haya sido hasta determinado momento considerada seria y sólida, emplee de pronto un lenguaje festivo que pueda a veces llegar a ser vehículo de su obra maestra! Cervantes escribió Don Qujote para distraer el tedio de sus horas de cárcel, y posiblemente Shakespeare escribió algunos de sus más bellos pasajes a instancias de un actor importuno creído de que su parte era demasiado corta.
El final me suena a barbarismo del traductor, pero yo quería recordar que esta idea la utilizó Baring como ya señalé aquí.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
¿Perdonar a los prisioneros?
Y entonces la hiena comenzó a reír. ¿De acuerdo con el cambio? ¿De acuerdo con que su enemigo se convirtiera en deán y recibiera mil doscientas libras al año? Cuando Medea describe las costumbres de su país de origen (y cito de la edición de Robson), le asegura a su atónito oyente que, en su tierra se comen a todos los prisioneros. “¿Vosotros los perdonáis?”, pregunta Medea, a lo que el gentil griego responde: “Pues claro que sí”. “¡Pues nosotros nos los comemos!”, afirma la de la Cólquida con rotunda energía. La señora Proudie era la Medea de Barchester, y pensaba comerse al señor Slope. ¿Perdonarlo? ¿Sólo librarse de él? ¿Hacerlo deán? Eso no era lo que hacía la gente como ella con los prisioneros en su país. Que no esperara el señor Slope semejante misericordia de ella, porque lo iba a roer hasta los huesos.
(Anthony Trollope. Las torres de Barchester)
martes, 9 de septiembre de 2008
Criticar no es difícil
Es tan fácil condenar --dijo el señor Arabin, continuando con el hilo de sus pensamientos--. No se me ocurre vida más agradable que la de un periodista o la de un destacado miembro de la oposición, siempre arrojando acusaciones contra quienes están en el poder, siempre mostrando el peor lado de las cosas, siempre encontrándole faltas a todo, siempre indignados, sarcásticos, jocosos, moralistas o altaneros, siempre maldiciendo con falsas alabanzas o machacando con descaradas calumnias. No hay cosa más fácil de hacer cuando el crítico no es responsable de nada. Usted condena lo que hago pero, póngase en mi lugar y veamos si, al girar las tornas, no la puedo condenar yo a usted.
(Anthony Trollope. Las torres de Barchester)
(Anthony Trollope. Las torres de Barchester)
sábado, 2 de agosto de 2008
La profesión del profesor...
Relacionado con lo que comentaba antes (aquí) al hilo de The Ron Clark story, sobre el hecho de que el profesor extraordinario se deja la vida en el empeño, me llamó la atención este comentario de María García Amilburu en el libro que estoy leyendo. No resuelve el tema pero sugiere cierta moderación:
Por lo que respecta a la mentalidad --al modo personal de ver la realidad, de afrontar las cuestiones, etc.--, es muy importante conseguir una fuerte unidad entre la identidad personal y la identidad profesional como docente. Pero en lo que atañe a la distribución concreta del tiempo --cada día, cada semana, cada mes, cada año--, es preciso establecer una clara distinción entre "la profesión" y "la vida personal". Si no se marcan esos límites --todo lo flexibles que sea necesario, pero límites al fin y al cabo-- acabarán deteriorándose la salud física y mental, las relaciones familiares y de amistad, y toda la vida se irá empobreciendo a causa de una excesiva implicación emocional con los alumnos y una mal entendida dedicación a la profesión docente como forma de vida.
(María García Amilburu; Nosotros, los profesores)
Por lo que respecta a la mentalidad --al modo personal de ver la realidad, de afrontar las cuestiones, etc.--, es muy importante conseguir una fuerte unidad entre la identidad personal y la identidad profesional como docente. Pero en lo que atañe a la distribución concreta del tiempo --cada día, cada semana, cada mes, cada año--, es preciso establecer una clara distinción entre "la profesión" y "la vida personal". Si no se marcan esos límites --todo lo flexibles que sea necesario, pero límites al fin y al cabo-- acabarán deteriorándose la salud física y mental, las relaciones familiares y de amistad, y toda la vida se irá empobreciendo a causa de una excesiva implicación emocional con los alumnos y una mal entendida dedicación a la profesión docente como forma de vida.
(María García Amilburu; Nosotros, los profesores)
miércoles, 30 de julio de 2008
El embrutecimiento del varón
Pistas sobre el futuro que nos espera:
De las estadísticas, documentos e informes más recientes se desprende una conclusión evidente: los varones están en crisis desde el punto de vista educativo. En contra de lo que infundadamente piensa la mayoría de la sociedad y como demuestran los estudios, son las chicas las que están arrasando en los colegios. El chico tipo está un año y medio por detrás de la chica tipo en lectura y escritura; está menos comprometido en el colegio; su comportamiento es peor y es más improbable que acabe realizando estudios universitarios.
(María Calvo. "Nuevas pedagogías y crisis del varón", Nueva Revista nº 106)
De las estadísticas, documentos e informes más recientes se desprende una conclusión evidente: los varones están en crisis desde el punto de vista educativo. En contra de lo que infundadamente piensa la mayoría de la sociedad y como demuestran los estudios, son las chicas las que están arrasando en los colegios. El chico tipo está un año y medio por detrás de la chica tipo en lectura y escritura; está menos comprometido en el colegio; su comportamiento es peor y es más improbable que acabe realizando estudios universitarios.
(María Calvo. "Nuevas pedagogías y crisis del varón", Nueva Revista nº 106)
domingo, 29 de junio de 2008
La codicia del aldeano
Hay en nuestras sociedades enemigos muy espantosos; a saber: la especulación, el agio, la metalización del hombre culto, el negocio; pero sobre éstos descuella un monstruo que a la callada destroza más que ninguno: la codicia del aldeano. Para el aldeano codicioso no hay ley moral, ni religión, ni nociones claras del bien; todo esto se revuelve en su alma con supersticiones y cálculos groseros, formando un todo inexplicable.
(Benito Pérez Galdós. Marianela)
(Benito Pérez Galdós. Marianela)
miércoles, 25 de junio de 2008
Los bomberos de antaño
Había que ver la alegría con que llegaban, el entusiasmo de su faena, el júbilo de sus coches rojos. Rompían con sus hachas mucho más de lo que había que romper. Hartos de su inteminable quietud, las llamas les enardecían y llegaban eufóricos al incendio. Ponían en marcha su mecanismo de pura actividad y de pura prisa. Vencían al fuego, tan solo porque le demostraban una mayor actividad y una velocidad mayor. Y el fuego humillado, se retiraba a sus cavernas. Ellos conocían este secreto, el único eficaz contra las llamas. Ganaban al fuego en aquello en que más se tenía por grande: en movimiento y escenografía. Le humillaban. Todos los ojos se volvían hacia ellos; el fuego nadie lo miraba ya.
Corrían menos que una persona normal, pero corrían canónica y gimnásticamente; pecho afuera, puños al pecho, la cabeza alta, levantando mucho los pies del suelo y las rodillas hacia afuera y nunca tropezaban unos con otros. Por eso todo el mundo decía:
--¡Qué bien corren!
(R. Sánchez Ferlosio, Alfanhuí)
jueves, 19 de junio de 2008
El efecto mariposa
Una cita de Havel que conservo entre mis ideas "madre". Yo lo traduzco por haz lo que puedas y deja en manos de Dios el resto:
Con seguridad habrán oído ustedes hablar del “efecto mariposa”. Es la creencia en que todo lo existente en este mundo está tan misteriosa y totalmente interconectado que un sacudimiento leve y al parecer insignificante del ala de una mariposa en un solo punto de este planeta puede desencadenar un tifón a miles de kilómetros de distancia.
Opino que debemos creer en este efecto en la política. No podemos suponer que nuestras acciones consuetudinarias, microscópicas, pero verdaderamente únicas, no tienen consecuencias sólo porque aparentemente no pueden resolver los inmensos problemas de hoy. Es esta una aserción nihilista “a priori” y es una expresión de la arrogante racionalidad moderna que cree saber cómo funciona el mundo.
Pero ¿qué sabemos de él? ¿Podemos decir que una conversación casual entre dos banqueros y el príncipe de Gales mientras cenan esta noche no vaya a sembrar la semilla de la que algún día surgirá una maravillosa flor que admirará a todo el mundo?
En un mundo de civilización global, sólo deben sentir desesperanza aquellos que buscan un truco técnico para salvar esa civilización. Pero aquellos que creen, con toda modestia, en el poder misterioso de su propio ser humano, que media entre ellos y el misterioso poder del Ser del mundo, no tienen motivo para desesperar en absoluto.
(Vaclav Havel. "La crisis final del pensamiento moderno", Abc, 8-II-92)
Con seguridad habrán oído ustedes hablar del “efecto mariposa”. Es la creencia en que todo lo existente en este mundo está tan misteriosa y totalmente interconectado que un sacudimiento leve y al parecer insignificante del ala de una mariposa en un solo punto de este planeta puede desencadenar un tifón a miles de kilómetros de distancia.
Opino que debemos creer en este efecto en la política. No podemos suponer que nuestras acciones consuetudinarias, microscópicas, pero verdaderamente únicas, no tienen consecuencias sólo porque aparentemente no pueden resolver los inmensos problemas de hoy. Es esta una aserción nihilista “a priori” y es una expresión de la arrogante racionalidad moderna que cree saber cómo funciona el mundo.
Pero ¿qué sabemos de él? ¿Podemos decir que una conversación casual entre dos banqueros y el príncipe de Gales mientras cenan esta noche no vaya a sembrar la semilla de la que algún día surgirá una maravillosa flor que admirará a todo el mundo?
En un mundo de civilización global, sólo deben sentir desesperanza aquellos que buscan un truco técnico para salvar esa civilización. Pero aquellos que creen, con toda modestia, en el poder misterioso de su propio ser humano, que media entre ellos y el misterioso poder del Ser del mundo, no tienen motivo para desesperar en absoluto.
(Vaclav Havel. "La crisis final del pensamiento moderno", Abc, 8-II-92)
viernes, 13 de junio de 2008
Abstenerse relativistas
Estas citas proceden de No es país para viejos de Cormack McCarthy. No pensaba leerlo porque estoy un poco saturado de violencia y de tipos paranoicos y Javier Bardem me lo hace aún más antipático. Tampoco me entusiasmó el único libro que he leído de McCarthy (Todos los caballos hermosos). Pero viendo estas citas que en la novela dice el Sheriff Bell sobre la verdad que aporta Javier Cercas (aquí), quizá me lo piense.
Opino que cuando todas las mentiras hayan sido contadas y olvidadas la verdad seguirá estando ahí. La verdad no va de un sitio a otro y no cambia de vez en cuando.
A la gente de ahora les hablas del bien y del mal y te expones a que se sonrían.
Mi padre siempre me decía que hiciera las cosas lo mejor que supiera y que dijera la verdad. Que nada tranquilizaba tanto como despertarte por la mañana y no tener que decidir quién eras. Y si has hecho algo mal, da la cara y di lo siento y apechuga. No cargues más peso del necesario.
Yo creo que la verdad siempre es simple. Y lo es por fuerza. Tiene que ser lo bastante simple para que la entienda un niño. De lo contrario sería demasiado tarde. Cuando las comprendieras ya sería tarde.
Opino que cuando todas las mentiras hayan sido contadas y olvidadas la verdad seguirá estando ahí. La verdad no va de un sitio a otro y no cambia de vez en cuando.
A la gente de ahora les hablas del bien y del mal y te expones a que se sonrían.
Mi padre siempre me decía que hiciera las cosas lo mejor que supiera y que dijera la verdad. Que nada tranquilizaba tanto como despertarte por la mañana y no tener que decidir quién eras. Y si has hecho algo mal, da la cara y di lo siento y apechuga. No cargues más peso del necesario.
Yo creo que la verdad siempre es simple. Y lo es por fuerza. Tiene que ser lo bastante simple para que la entienda un niño. De lo contrario sería demasiado tarde. Cuando las comprendieras ya sería tarde.
sábado, 7 de junio de 2008
Huir al encuentro (IV)
En La vida es sueño, Calderón convierte al gracioso, Clarín, en ejemplo vivo de la inevitabilidad de la muerte (¡Mirad que vais a morir / si está de Dios que muráis!). Antes de un combate, casi al final de la obra, Clarín se refugia cobardemente entre unas peñas y allí recibe al poco una bala perdida y allí explica al público la lección de la que vengo hablando.
Soy un hombre desdichado,
que por quererme guardar
de la muerte, la busqué.
Huyendo de ella, topé
con ella, pues no hay lugar
para la muerte secreto;
de donde claro se arguye
que quien más su efecto huye,
es quien se llega a su efeto.
Por eso tornad, tornad
a la lid sangrienta luego;
que entre las armas y el fuego
hay mayor seguridad
que en el monte más guardado;
que no hay seguro camino
a la fuerza del destino
y a la inclemencia del hado;
y así, aunque a libraros vais
de la muerte con huir.
¡Mirad que vais a morir,
si está de Dios que muráis!
Soy un hombre desdichado,
que por quererme guardar
de la muerte, la busqué.
Huyendo de ella, topé
con ella, pues no hay lugar
para la muerte secreto;
de donde claro se arguye
que quien más su efecto huye,
es quien se llega a su efeto.
Por eso tornad, tornad
a la lid sangrienta luego;
que entre las armas y el fuego
hay mayor seguridad
que en el monte más guardado;
que no hay seguro camino
a la fuerza del destino
y a la inclemencia del hado;
y así, aunque a libraros vais
de la muerte con huir.
¡Mirad que vais a morir,
si está de Dios que muráis!
jueves, 5 de junio de 2008
Huir al encuentro (III)
La tercera cita que os comentaba (primera, aquí; segunda, aquí) es de Homero, pero la cita viene a través de Teodora, emperatriz de Bizancio de Gillian Bradshaw. Es una arenga militar que anima a la entrega heroica sugiriendo que la muerte podría igualmente sorprendernos en una retirada cobarde.
“Si desertando de la guerra
nos libráramos de los años y la muerte,
ni lucharía yo entre los valientes
ni te empujaría a la batalla portadora de gloria.
Mas como diez mil formas de muerte nos rodean
y no hay mortal que las eluda o escape a ellas
dejemos que los dioses canten la victoria,
sea nuestra o del enemigo”.
“Si desertando de la guerra
nos libráramos de los años y la muerte,
ni lucharía yo entre los valientes
ni te empujaría a la batalla portadora de gloria.
Mas como diez mil formas de muerte nos rodean
y no hay mortal que las eluda o escape a ellas
dejemos que los dioses canten la victoria,
sea nuestra o del enemigo”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)