miércoles, 26 de diciembre de 2007

Milagros de Nuestra Señora (sg. XIII), de don Gonzalo de Berceo

Berceo es para mí como una excursión por una iglesia románica en ruinas, vieja, quizás medio derruida, pero con el aliento de una fe firme, la solidez de los siglos y la frescura de una sombra alrededor, y una alfombra de hierba verde y mullida (ah, ¡y un vaso de buen vino!) . Creo que los Milagros los he leído ya tres veces, por lo menos. Cada vez con más satisfacción porque siento una mayor proximidad y familiaridad con don Gonzalo. Un hombre excepcional. Hay quien dice que ingenuo, ¡vamos hombre! Lo que es, es bueno, bueno hasta decir basta, y un poquito socarrón:
Doliéronse los ángeles desta alma mesquina,
por cuanto la levavan diablos en rapina:
quisieron acorrelli, ganarla por vecina,
mas pora fer tal pasta menguabalis farina.
No tiene dobleces ni complicaciones. No es pretencioso. Es sencillo y ama la sencillez.

2 comentarios:

Las madejas de las palabras y las cosas... dijo...

Preciosa evocación (la de Berceo y la tuya). Magnífica excursión literaria.
SALUDOS.

alfonso dijo...

Gracias, Lola. Berceo es ciertamente una magnífica excursión literaria; mi comentario es un paseíto.