Las hagiografías, las biografías de santos, tienen el peligro de describir personajes imposibles.
El santo Cura de Ars, tal como se muestra en este libro, resulta un ser humano real (aunque con una personalidad muy peculiar y con patentes limitaciones); sin embargo es también un hombre heroico y, al fin, extraordinario.
Su parroquia era un pueblucho miserable pero él, cura humilde, encontró esa labor como una misión asequible, a su tamaño, y al entregarse a ella por entero se desbordaron los efectos: Ars se convirtió en lugar de peregrinación.
Los últimos capítulos se me hicieron pesados porque Trochu hace recuento de milagros y hechos extraordinarios que me distancian de una figura admirable pero extraña: Vinney es un hombre de una austeridad tremenda pero de una efusividad infantil. También la peculiar forma de ser del cura de Ars se agudiza en la vejez.
Además de un ascetismo de antología, impresionan su sencillez y su profundísimo amor a Dios. 4/5