Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de febrero de 2011

Con el tiempo (2010), Enrique García-Máiquez


Los Reyes Magos me dejaron este libro de poesía. Corresponde a un poeta, colega de profesión y muy buen escritor, a quien conocía por el blog (aquí) que escribe.
El libro incluye cuarenta o cincuenta poemas, ordinariamente breves, que hablan del paso del tiempo y de reflexiones sentimentales. Una poesía ingeniosa, en tono menor, de asuntos cotidianos, familiares y humildes, tratada con buen humor y con sentido positivo.
4/5.

viernes, 1 de mayo de 2009

El soldado desconocido (1922), de Salomón de la Selva

Libro de poemas breves de un soldado en las trincheras. De la Selva es un poeta cosmopolita de origen nicaragüense que escribió también en inglés. Peleó voluntario en la Primera Guerra Mundial.
Si has entrado en este blog anteriormente ya te sonará que tengo una fijación (como dicen mis alumnos, "un pedal") con Journey's End, una obra de teatro del inglés Sherriff. El libro de El soldado desconocido es de la misma época y circunstancia y tiene algo que ver: habla de las trincheras, las luces de bengala, las esperas, las conversaciones anodinas, el sinsentido de la guerra, la nostalgia del amor, el hastío...
El poeta está rodeado de suciedad, cansancio, vulgaridad y muerte. El poemario, sin embargo, es sobrio, limpio, lleno de dignidad. A la hora de escribir, De la Selva se eleva sobre esas adversidades y las convierte en decorado. El poeta es soldado, pero un soldado contemplativo. La muerte acecha a la vuelta de la esquina, pero se acepta la frágil condición humana. Y, como en un diario, el poeta comparte sus impresiones y ocurrencias con un lenguaje llano, de ordinario sin rima, sin grandes brillos.
Pese a las circunstancias, escasean las referencias religiosas; no falta en cambio un sentido humanitarismo. 4/5.
Aquí tenéis el poema más conocido del libro.

miércoles, 29 de abril de 2009

"La bala", de Salomón de la Selva

La bala que me hiera
será bala con alma.
El alma de esa bala
será como sería
la canción de una rosa
si las flores cantaran
o el olor de un topacio
si las piedras olieran,
o la piel de una música
si nos fuese posible
tocar a las canciones
desnudas con las manos.
Si me hiere el cerebro
me dirá: yo buscaba
sondear tu pensamiento.
Y si me hiere el pecho
me dirá: ¡Yo quería
decirte que te quiero!
(Salomón de la Selva. El soldado desconocido)

martes, 10 de junio de 2008

Huir al encuentro (V)

Agradezco a Eduardo el aviso de este romance que no recordaba pero que viene como anillo al dedo de estas citas sobre la inutilidad de huir de la muerte:

Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos la tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
"¿Por dónde has entrado amor?
¿Cómo has entrado mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías."
"No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía."
"¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!"
"Un día no puede ser,
una hora tienes de vida."
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía."
¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta niña!"
"¿Como te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida."
"Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería."
"Vete bajo la ventana
donde bordaba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría."
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
"Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.”

miércoles, 28 de mayo de 2008

Un pasaje del “Libro de Adán y Eva”

NO SE HA SABIDO SI ADÁN Y EVA FUERON REALMENTE FELICES

Nuestros primeros padres eran vegetarianos.
Les caían los frutos redondos en las manos.
Brillaban los naranjos, solares, valencianos,
y más allá, en la niebla, lucían los manzanos.

Las fieras, dieciochescas, pasaban sonrientes,
exhibiendo el esmalte de colmillos y dientes;
trenzaban un minué de pasos inocentes
panteras y leones y tigres y serpientes.

(…)

Era un jardín botánico de belleza al desnudo
el Edén inicial. Nunca el invierno crudo
provocó con el frío ni un tímido estornudo.
Nunca ni un solo médico abrir consulta pudo.

Nunca comer fue un arte, ni menos un trabajo.
Nadie comentó nunca la molestia del ajo.
No se hablaba del tiempo. Nadie fue nunca al tajo.
Nadie fue nunca gordo, ni tampoco fue bajo.

Eran vegetarianos nuestros buenos abuelos
como iban desnudos, sin celos ni recelos.
Era un sueño la vida, eran las tierras cielos.
Se oían clavecines, se oían violoncelos.

Vivir era un regalo, una racha de suerte,
era dicha sin gloria, era vida sin muerte.
Adán estaba sano y se sentía fuerte.
Y nunca dijo a Eva: “Cuánto tiempo sin verte”.

Sólo mucho después pensaron si fue aquello
un principio, un final o un tímido destello
de otra vida anterior. Pero, en fin, todo ello
atrás quedaba ya, cerrado con un sello.

(Lorenzo Gomis, Libro de Adán y Eva)

domingo, 18 de mayo de 2008

De amor y aborrecimiento

Al final del cuarto acto de La Dorotea, incluye Lope de Vega una traducción del carmen LXXXV de Catulo:
Odi et amo, quare id faciam fortasse requiris
nescio, sed fieri sentio et excrucior.
La traducción de Lope es:
De amor y aborrecimiento
tan igual veneno tomo,
que si me preguntan cómo,
no sé más de lo que siento.
Traduje a Catulo en primero de Carrera y recuerdo haber cantado este poema (en un Coro; una versión polifónica de Carl Off, si no recuerdo mal) cuando estudiaba tercero.
Este reencuentro con Catulo ha salvado a un acto cuarto de La Dorotea bastante pesadito.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Un poema de Joaquín A. Peñalosa

Ah, la publicidad

entonces las paredes eran castas
cal y canto, canales de colgantes trinos
acaso un panal dorándose a fuego lento
un beso de yedra al hombro de las lajas
un ala de mariposa maquillando la pátina,
cuando se levantaban limpias las azoteas
y los techos alfombraban el cielo
inaugurando el inviolable imperio de los astros
tan cercanos entonces
las casas, las calles, las plazas
construían la ciudad pura, lirio de piedra
auditorio del silencio, eternidad a sorbos
pero llegó la publicidad sin pedir permiso
maleducada y buscabullas
ojerosa pintarrajeada por oficio
escaladora de muros, violadora de recámaras
asaltante en despoblado
mobiloil telefunken good year oxo
wurlitzer westinghouse woolworth
palabras para iniciar el asma o la taquicardia
y otros fosforescentes falsos testimonios
como crédito descuento barata precios de fábrica
letras luces mentiras letras luces mentiras
arriba en el piso diez, más arriba en el veintiuno
abajo los hombres en manada
establos sometidos, crédulos
y un gas neón fingiendo el sol mentido cada noche.

(Joaquín Antonio Peñalosa, Un pequeño inmenso amor)

martes, 13 de mayo de 2008

Fray Luis de León

Hace unos días puse una entrada sobre fray Luis, con motivo de la fiesta de la Ascensión, recordando el poema suyo de "¡Y dejas, Pastor santo / tu grey en este valle hondo, escuro"... Quise aprovechar la entrada para hacer una presentación de la poesía de fray Luis pero me parece más bien que perpetré un desaguisado. No me quedé satisfecho.
Leí a fray Luis por primera vez a los 17 años, cuando estudiaba Cou. No recuerdo que nadie me lo recomendara. Más bien debió responder a la curiosidad; a una etapa en la que me había propuesto descubrir por mí mismo qué había detrás de esos libros omnipresentes y de esos nombres famosos de la historia de la literatura española. Iba como el que va de visita a un yacimiento arqueológico, pero me llevé una sorpresa monumental.
De pronto descubrí que su lenguaje no me era extraño, que incluso percibía sus atrevimientos (como el curioso y famosísimo encabalgamiento de "y mientras miserable / mente..."), que muchos de los ideales clásicos de fray Luis resonaban en mi interior; que comprendía, como si se tratara de un hermano, sus deseos de paz y sencillez ("A mí una pobrecilla / mesa, de amable paz bien abastada / me baste") y veía también sus excesos, como ese celo amargo, un poco vengativo, con que fustiga a la tal Elisa (aunque, ahora que lo pienso, quizá el poema nació con la intención de prevenir a las jóvenes y no de escarmentar a ninguna vieja). Y mi sorpresa mayor era encontrar tanta afinidad con un escritor del siglo XVI, porque el siglo XVI no era precisamente el de mis abuelos ni mis bisabuelos. Pero estaba ante un hombre admirable con el que compartía mucho.
Asocio a fray Luis al Escorial, a un Renacimiento que es muy profundo y también muy religioso, cargado de fe y de afán de saber, de elegancia y también de cierto empacho de seriedad y de rigor.
Es un hombre sobrio, pero de calidad. Quizás no sea de oro, pero sí de plata.

domingo, 4 de mayo de 2008

La nube de la Ascensión

Tenía pensado poner hoy una entrada diferente cuando me vino a la memoria el poema de fray Luis de León dedicado a la Ascensión del Señor. Me vino a la memoria el poema y su nube... Es un poema con nube, porque la nube que finalmente oculta a Jesucristo se convierte también en la protagonista final del cuadro que fray Luis pinta. Así que me dije...: como hoy es el domingo de la Ascensión, como tienes pendiente todavía dedicarle una entrada a la poesía de fray Luis de León y justificar su presencia en "Mi estantería", no digo --me dije-- que pongas el poema entero (supongo que está en la red: "¡Y dejas, Pastor santo,") pero al menos la lira dedicada a la nube y un pequeño comentario.
El poema consta sólo de cinco liras y ésta es la última:
¡Ay!, nube envidïosa
aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Do vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!
A mí no me gustan las quejas. Quizá me queje mucho, pero al menos las quejas ajenas me resultan antipáticas. Y este poema de fray Luis siempre me provoca esta reacción negativa (nada grave, por otra parte). En lo práctico, pienso que, por estar mirando la nube, va a venir un ángel por detrás y nos va a dar un pescozón: ¡Qué hacéis mirando al cielo!, como se cuenta en los Hechos de los Apóstoles. En lo religioso, pienso entre otras cosas que Jesucristo no nos dejó solos, no nos abandonó, pues se quedó en la Eucaristía. Y, por eso, la queja es injusta y desagradecida.
Dicho lo cual, debo también añadir que fray Luis fue un deslumbramiento de cuando tenía 17 años y estudiaba Cou. Creo que la lectura de su poesía (junto, quizá, con las Coplas de Jorge Manrique) influyó decisivamente en que estudiara Filología. Y me sorprendo de mí mismo, pues no recomendaría nunca la lectura de la poesía de fray Luis tan temprano.

sábado, 3 de mayo de 2008

Un soneto de Rafael Morales

Choto

Corre feliz el choto por el prado,
ajeno aún al dolor y a la tristeza,
sintiendo ya que brota en su cabeza
el cuerno temeroso y afilado.
Siente su corazón todo inundado
de un ansia nueva que a crecer empieza
y siente concentrarse su fiereza
en el joven testuz ensortijado.
No sabe cómo fue, cómo ha surgido
este imprevisto afán, este ardimiento,
y lanza loco un cálido mugido.
Siente un febril impulso, un gran contento,
mira y contempla todo sorprendido
y da el primer embite para el viento.
(Rafael Morales. Poemas del toro)

jueves, 24 de abril de 2008

Cansadamente

Llueve cansadamente. Todo es blando:
la senara, la yerba, las raíces
del corazón, las tantas cicatrices
de la memoria, que se van borrando.
Primero fueron unos labios -¿cuándo?-;
luego, la nada, el desaliento. Dices:
"Maldito tiempo". Mas lo que maldices
es lo mismo que acabas abrazando.
Con el tiempo en los brazos, te encaminas
calladamente a nadie sabe dónde,
a un lugar que es el único seguro.
Tiembla la soledad por las esquinas.
Preguntas a la lluvia y no responde.
Todo es blando. Quizás. Pero qué duro.

(Carlos Murciano, Del tiempo y soledad)

jueves, 10 de abril de 2008

A lo hecho pecho

A lo hecho pecho

Has tenido que cogerle cariño.
Contigo cuatro meses
después de aquel instante.
Tu hijo, presintiendo tu pecho
ya se chupa el dedo dentro de tu vientre.
Amiga, no le defraudes,
que no seas tú
la primera mujer que le falle.

(Gloria Fuertes. Historia de Gloria)

lunes, 31 de marzo de 2008

Cuando se sufre

Cuando se sufre no da tiempo a pecar

(Gloria Fuertes. Historia de Gloria)

viernes, 29 de febrero de 2008

Un poema de Juan Bárbara

Este poema lo recordé los comentarios al experimento educativo de Federico II de Prusia (aquí).

PRIMERO EL ANIMAL Y LUEGO EL HOMBRE

S. repetía a quien prestaba oídos
el firme principio educativo
aplicado dieciochos años a su único hijo:
Primero hay que hacer al animal
y luego al hombre.
Algunos comentaron a su espalda
que aguardaban expectantes
la segunda etapa.
Nosotros imparciales, disculpemos a ambos,
si podemos.
Tanta provocación
excusa a los vecinos de resistencia heroica.
En cuanto al padre...
(seducido quizá por alguna corriente naturista),
digamos que reiteraba el lema,
movido de variables impulsos instintivos,
aturdido sin duda por la complejidad alarmante del propósito.

(Juan Bárbara, La alegría, en singular, se escoge)

jueves, 21 de febrero de 2008

Mejor, mañana

Dejar que la vida siga
o poner un cartelón
y escrito con letra clara:
“Cerrado por defunción”.
Mejor decido mañana.

(Javier Salvago, Variaciones y reincidencias)

Otro poema del autor (aquí); mi comentario al leer su libro (aquí).

sábado, 16 de febrero de 2008

Extranjero en su patria

Cualquier día
me cojo las maletas
y me largo.

Vete a saber: en los folletos
se ofertan paraísos.

Y total esta lengua
tampoco la comprendo.

jueves, 14 de febrero de 2008

Un poema de González Ovies

(Hago constar que no he logrado que la edición en HTML me respete las tabulaciones y, faltan, por tanto, algunos espacios que algunos versos presentan en el original. El poema está literal pero faltan esos espacios.)
Usted seguro que ha sentido vergüenza alguna vez
al decir que en su cuarto caía una gotera
o que su pobre madre le hacía el bocadillo
siempre de natas con azúcar.
―son cosas de la vida―.
Confieso que en mi casa el olor a humedad
era casi entrañable
y todos los domingos se comían garbanzos,
salvo en alguna fecha señalada.
Que lloré muchas veces por no querer llevar
los jerseys con coderas
o no tener un lápiz con enanito arriba.
Confieso que la ropa nos la daban los primos
que ahora son albañiles
y que nuestra familia se rompió por la herencia
de unos metros cuadrados de baldosas con taras
―son cosas de la vida―.
Que, a escondidas de todos y hasta los siete años,
tuve el chupete debajo de la almohada.
Confieso que los míos son personas sencillas:
usted sospecha que hablo de un padre que no sabe
lavarse bien los dientes,
de una mujer que escribe con mala ortografía,
de unos hermanos fieles como la misma sangre
y una casa que huele, cada vez que entro en ella,
a las húmedas manos de la melancolía.

Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera.

(Aurelio González Ovies. La hora de las gaviotas)

miércoles, 30 de enero de 2008

Conflictos migratorios

En esta pobre aldea artesanal
no hay asfalto en las calles ni preocupa
y las abuelas viven a sus anchas.
Solamente incomoda y avergüenza
que vengan en verano los de fuera y critiquen.

domingo, 27 de enero de 2008

Otro poema de Ángel González (q.e.p.d.)

“Muerte en el olvido”

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
―oscuro, torpe, malo― el que la habita...

El otro poema suyo que puse en el blog está aquí.

viernes, 25 de enero de 2008

Manual de supervivencia

La vida en ocasiones
se empeña en amargarme la existencia
poniendo mis carencias bajo el foco.
No contenta,
me lleva a su despacho donde a puerta cerrada
me suelta una monserga
sobre aspectos que atañen a mi vida privada
(y con qué tino acusa, la muy perra).
Pero yo no la escucho:
finjo estar atendiendo
y le pongo carita de cordero
pero estoy a kilómetros de allí
cantando la traviata en bañador
debajo del torrente atronador
de alguna catarata.
Ella nota el vacío y se exaspera,
aunque acaba tirando la toalla
y yo mantengo el tipo (que no es poco) hasta el próximo asalto.