viernes, 6 de junio de 2008

Sobre "El Señor de los Anillos"

Cuando estudiaba 3 de Bup o Cou, después de haber leído El hobbit, empecé a leer El Señor de los Anillos. No llegué a terminarlo: me quedé a la mitad del segundo tomo. Perdí el libro por el que estaba leyendo, pero había ido perdiendo el interés previamente.
Cuando Peter Jackson filmó su trilogía (antes de que se estrenara) volví a empezar la novela de Tolkien. No quería ver las películas primero: las imágenes y la música del cine tienen tanta fuerza que, una vez que las ves, dificultan de ordinario llegar al libro original con cierta libertad de imaginación.
Leí los tres tomos de El Señor de los anillos de corrido y disfruté con el primero (por la recreación costumbrista de la vida de los hobbits) y el tercero (por el drama personal de Frodo y de Sam).
Luego vi las películas, sin excesiva emoción, y me pasó lo mismo. Guardo más aprecio por el libro que por las películas.
El mundo de Tolkien no me desagrada pero me supera tanta complejidad lingüística, geográfica, histórica, e incluso botánica y zoológica.
Los diversos bichitos que Tolkien inventa o los avatares sobre espadas, anillos, maldiciones, etc., me parecen algo curioso pero no me interesan. (Las batallas multitudinarias de la segunda y tercera película no es que me interesen poco, es que me agotan.)
Si dejamos aparte todo el revestimiento, nos queda una aventura épica que muestra un momento particular en la historia. El Bien y el Mal enfrentándose y unos humildes y sencillos individuos formando parte de esa epopeya.

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