lunes, 7 de abril de 2008

El vacío existencial como reclamo

Cuando tantas noches de viernes y sábado puedo observar, en muchas zonas urbanas, esas masas de jóvenes que arrastran horas y horas, con las botellas en la mano, no puedo dejar de recordar al flautista de Hamelin, y tiemblo pensando que algún día, quizá próximo, surgirá un líder que recorra las universidades y se llevará detrás a nuestra juventud, con el pelo cortado, marcando el paso de la oca, dispuestos a morir y a matar, Dios sabe por qué objetivo y en qué dirección. Ese tránsito se producirá por una necesidad psicológica de cubrir el vacío existencial.
(José Manuel Otero Novas, El retorno de los césares)

domingo, 6 de abril de 2008

¿Alguien ha leído el Guzmán de Alfarache? (2)

Durante mis estudios de Filología Hispánica contemplé con cierto escándalo (al principio) lo poco que leían muchos de mis compañeros y la despreocupación cínica con que se lo tomaban. Esos serían, el día de mañana (hoy), los profesores de literatura de institutos y universidades... Si los profesores no conocen los libros de los que hablan o temen acercarse a ellos, difícilmente los alumnos se sentirán inclinados a leer nada.

Esto me llevó a considerar la pregunta de si realmente vale la pena estudiar una materia (Historia de la Literatura) que a la mayoría no interesa. ¿Tienen realmente algún interés esos libros pretéritos? ¿Algo que no sea interés histórico o erudito? ¿Tiene sentido esforzarse en mantener la memoria de unos escritores o unos títulos si no aportan nada al lector moderno?

La respuesta que me he dado es que la historia de la literatura exige la misma labor crítica que la literatura contemporánea: lectura, revisión crítica y valoración. Hay cosas del pasado que merecen exaltación y monumento conmemorativo mientras que otras, mejor entierro caritativo.

En el caso concreto del Guzmán de Alfarache, no tengo opinión formada todavía (y la verdad es que no me urge demasiado formármela).

sábado, 5 de abril de 2008

Llegar a la meta cuando ya te da igual…

Don Segundo Sombra fue una de las lecturas hispanoamericanas que me impresionaron más. Cuenta la historia de un aprendiz de gaucho, un resero, que descubre la dureza de las larguísimas jornadas a caballo. De ello habla esta cita, que trata del agotamiento
No estaba yo en mis tribulaciones de bisoño. Sabía que si en gran parte se resiste por tener hecho el cuerpo a la fatiga, más se resiste por tener hecha la voluntad a no ceder. Primero el cuerpo sufre, después se azonza y va, como sin tomar parte, adonde uno lo lleva. Después, las ideas se enturbian; no se sabe si se llegará pronto o no se llegará nunca. Más tarde, las ideas, tanto como los hechos, se van mezclando en una irrealidad que desfila burdamente por delante de una atención mediocre. A lo último, no queda capacidad vital sino para atender a lo que uno se propone sin desmayo: seguir siempre. Y se vive nada más que por eso y para eso, porque todo ha desaparecido en el hombre fuera de su propósito inquebrable. Y al fin se vence siempre (al menos así me había sucedido) cuando ya a uno la misma victoria le es indiferente.
(Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra)

viernes, 4 de abril de 2008

¿Alguien ha leído el Guzmán de Alfarache?

Durante la carrera de Filología Hispánica, el Guzmán de Alfarache era el prototipo de libro del que se desconocía que tuviera lectores, aunque todo el mundo hablara de él como importante novela continuadora del género picaresco.
Probablemente figuró en alguna lista de lectura de Segundo de Carrera o así, pues durante la Carrera recibíamos largas listas de lecturas obligatorias que cada cual cumplía más o menos en la medida de su aplicación, su diligencia y su interés. Yo tenía interés, pero poca diligencia y poca aplicación. El Guzmán no lo leí. Creo recordar que leí un 60% de lo que se me exigía en las diversas listas.
También es verdad que decir “exigían” es mucho decir, porque luego las lecturas apenas se controlaban y el sistema carecía de fuerza coercitiva. Se podía terminar la carrera sin haber leído lo fundamental de la Literatura española. De hecho mucha gente lo habrá hecho porque entre mis compañeros/as había casos antológicos de fobia a los libros de más de veinticinco años de antigüedad.
Yo saqué la conclusión de que, a poco que nos descuidáramos, la literatura quedaría en un conocimiento con el que podría ganarse el quesito marrón del Trivial Pursuit o el sueldo como profesor de Instituto o Universidad, repitiendo lecciones sobre autores y obras que ni el profesor ni los alumnos han leído ni se plantean leer. Como el Guzmán de Alfarache que escribió (lo sé, lo recuerdo bien, de memoria, sin mirar) Mateo Alemán.
Un absurdo lamentable.

jueves, 3 de abril de 2008

Juan Pablo II, en el recuerdo

Ayer se cumplieron tres años del fallecimiento del grandísimo Juan Pablo II. Cristina (aquí) incluyó un recuerdo oportuno que le tomo prestado, porque es de verdad una delicia para la vista. Es largo: dura siete minutos, pero son de lo más entrañables.

miércoles, 2 de abril de 2008

Vamos a ganar el mundial

Divertido cartel que aporta Embajador en el infierno (aquí). Veo que es del año del catapún porque sale Cañizares en la portería, pero sigue vigente. Se ve que nuestra Selección es decididamente abstemia.

martes, 1 de abril de 2008

Reign on me (2007), En algún lugar de la memoria


Alan Johnson, un dentista, está pasando un mal momento personal. Se encuentra un día casualmente, por la calle, con un antiguo compañero de universidad que sí que lo está pasando verdaderamente mal. El encuentro y el esfuerzo por ayudarle resulta transformador para ambos.
No había ni oído hablar de esta película y, sin embargo, es de las mías. Sencillamente magnífica. A los diez minutos ya estaba absorto, impresionado ante la intensidad de muchas escenas, la hondura de algunos momentos tristes. La esposa de Alan aparece en algún momento completando un puzle y felicitándose por haber encajado alguna pieza. Es casi un símbolo, porque Reign on me discurre un poco así: sin darte cuenta, de pronto, el guionista aporta un detalle nuevo y te completa un poco más el drama de sus personajes. De sorpresa en sorpresa.
La película tiene un tono urbano a juego con la banda sonora (también ahí me he visto o, mejor, me he oído...): Springsteen, por ejemplo, y una versión extraordinaria de The Who cuando salen las letras de crédito.
El director y guionista, Mike Binder, es un hombre de una pieza y se ha ganado mi admiración. Anoto su nombre para ayudarle a lograr la fama que se merece y a que mi memoria se esfuerce en retenerlo. En su película las almas dan gritos. Una advertencia: no es divertida (aunque arranca alguna sonrisa) y no es para ver con niños. 5/5.