domingo, 25 de noviembre de 2007

No dejes los libros boca abajo

Se acercó precipitadamente a su biblioteca. Un volumen rojo estaba puesto al revés. Se había dado cuenta de ello, y temiendo quizá que en esta posición al libro le diera de un momento a otro una embolia, acudió en su auxilio. Le dio la vuelta y lo salvó.
(Dezsö Kosztolányi, La cometa dorada)

3 comentarios:

Embajador en el Infierno dijo...

Casi he conseguido terminar hace poco "¡Tierra, Tierra!" de Sandor Maray. Un tostón la verdad . Confirma la opinión que siempre he tenido de los húngaros como gente esencialmente melancólica, en el peor sentido de la palabra. Pero esta cita que pones de Kosztolányi,a lo mejor me reconcilia con los húngaros.

alfonso dijo...

Pues yo no había detectado ese rasgo de familia pero "La cometa dorada" no es una excepción. No te dejes engañar por la cita. El autor se comporta con mucha dureza con los personajes; no es un libro alegre tampoco. Lo que pasa es que tiene como protagonista a un profesor de bachillerato y eso me interesaba.
Yo tenía el ojo echado a "Alondra" de Kostolányi (que me han dicho que es mejor) pero con este comentario tuyo lo pondré a enfriar… porque se ve que efectivamente los húngaros son tan listos que se vuelven infelices. A Marai ya lo tenía en cuarentena: no me gustó "El último encuentro" y todo el mundo me dice que es la mejor de las suyas.

Embajador en el Infierno dijo...

Es que uno lee "¡Tierra, tierra!" y se explica perfectamente porque Maray acabó pegándose un tiro. Lo que sorprende es que tardara tanto en pegárselo.